Gestión de las emociones

Gestión de las emociones, presento a groso modo, una breve presentación de las etapas por las que pasamos cuando realizamos un proceso de gestión emocional (independiente de la emoción que estamos experimentando: se puede aplicar tanto a emociones menos amables como la tristeza o la ira, como a otras que nos suelen gustar más, como el amor o la alegría):

taller ingeligencia emocional

1. Experimentación: se produce en el momento en el que la emoción nos sobreviene, independientemente de cuál sea el catalizador que la ha desencadenado. Cuando gestionamos la emoción, en lugar de controlarla, permitimos el paso a la segunda etapa.

En las ocasiones en que la reprimimos nuestras emociones es posible que aparezca una emoción sustitutiva o que nos “desconectemos” de nuestro cuerpo por algún medio. Si cortamos la conexión con la emoción es posible que esta regrese más adelante con mayor intensidad (el cerebro interpreta que no envió una señal lo suficientemente poderosa como para hacernos tomar conciencia de lo que nos pasa). En ocasiones, también puede desencadenar en diversas patologías el exceso de control o represión corporal-emocional.

2. Estado de flujo:es el paso al que llegamos si permitimos que le emoción se exprese y desencadene. Suele incluir reacciones fisiológicas. Implica un proceso de inmersión. Por ejemplo, cuando sentimos ira se nos acelera el pulso, sentimos calor y/o ganas de gritar, entre otros síntomas medibles. Este estado se mantiene con mayor o menor intensidad hasta la finalización del proceso. No obstante, una toma de conciencia puede requerir, a menudo, varios episodios para llegar a una resolución: depende de varios factores, pero el principal es la experiencia en gestión emocional que tengamos. ¿Quién no ha tenido emociones recurrentes?

3. Observación: la observación se produce en el momento en el que metafóricamente damos un paso atrás y observamos qué nos está pasando. Una falsa creencia, aunque muy habitual, es que para poder comprendernos a nosotros mismos es necesario desvincularnos de la emoción y “mantener la cabeza fría”. Por lo general, muchas personas creen que llegan a esta etapa a través de la represión. Sin embargo, es necesario estar conectados con la emoción y contemplarla al mismo tiempo. Es frecuente que en este estado los síntomas que inicialmente sobrevinieron pierdan cierta intensidad, pero para observar sin juicio es necesario estar en conexión con lo que sentimos, no con lo que “creemos haber sentido”. Simplemente, se trata de no desactivar el interruptor. Un ejercicio frecuente para practicar esto es imaginarnos que alguien cercano (puedes ser tú mismo) está a tu lado y te observa. La respiración profunda y la relajación suele ser un mecanismo que también favorece acceder a esta etapa de gestión emocional.

4. Toma de conciencia:no tienes que hacer nada para llegar a este paso del proceso. Si te observas con paciencia (y sin presiones), muchas veces durante varios episodios (o a través del recuerdo de los mismos), las respuestas llegan solas. Necesitamos experimentar las emociones para comprender.

A veces nos damos cuenta de que detrás de la emoción que sentimos hay otra que estaba reprimida: es sorprendente la cantidad de emociones sustitutivas que podemos llegar a experimentar. Y no sólo se trata de emociones sustitutivas: hay procesos en la vida con un intenso impacto en nosotros (por ejemplo, los duelos)que requieren la asimilación de diferentes emociones, no sustitutivas, sino necesarias por la importancia que el mensaje tiene para nosotros. Si este es tu caso, quizá tengas que gestionar desde el inicio la nueva emoción, pero no olvides felicitarte por tu toma de conciencia.

5. Integración:cuando hacemos una toma de conciencia, es decir, nos damos cuenta del mensaje que nos quería transmitir nuestro cerebro a través de una emoción, aprendemos cosas sobre nosotros. Pues bien, no sólo se trata de comprender, sino de aprehender, de integrarlo en nuestra identidad y esto puede llevar un tiempo.

6. Adaptación: es el periodo que transcurre desde que integramos en nuestra identidad una nueva información sobre nosotros mismos, una vez termina la etapa de integración,hasta que nuestro organismo se sintoniza con nuestra realidad cotidiana. Cuando hacemos esto, es posible que de forma residual sigamos experimentando las emociones antiguas con menor intensidad. El cuerpo comprende, pero su respuesta no es automática.

7. Equilibrio: este es el estado en el que te sientes en paz contigo mismo con respecto a la emoción que has experimentado. Si miras atrás, te sientes cómodo con el aprendizaje que te reportó la experiencia. Cuanto más equilibrado te encuentres, más sencillo será la gestión de futuras emociones.

Facilitadores

Cuando elaboramos un proceso de gestión emocional, podemos ayudarnos con diferentes técnicas facilitadoras. Algunas de las que yo conozco podéis encontrarlas en manuales de PNL (programación neurolingüística) o EFT (emotional freedom technique), así como en técnicas psicológicas como la hipnosis o técnicas orientales como la meditación, la acupuntura o el reiki (estoy segura de que hay muchísimas más técnicas).

Además de las técnicas, también puedes recurrir a profesionales, como un coach o a un terapeuta para que te ayude. Todo aquello que te facilite el proceso puede ser beneficioso, sólo debes tener en cuenta dos cosas:

1. Si eliges recurrir a algún tipo de ayuda, ya sea a través de técnicas o profesionales, hazlo por ti mismo. Si decides emplear una técnica en la que no crees o el apoyo de un profesional que no te despierta confianza, es difícil que te sirva de ayuda.

2.La gestión emocional es un proceso natural al que podemos acceder por nosotros mismos (si estamos sanos).De hecho, aunque frecuente, lo antinatural es la represión o el control de la emociones. El cuerpo tiende por naturaleza al equilibrio así que, posiblemente, solo con relajarte ya te estarás aproximando a tu objetivo.

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Autoestima

Autoestima es la percepción que tenemos de nosotros mismos. Abarca todos los aspectos de la vida, desde el físico hasta el interior, pasando por la valía o la competencia. Se trata de la valoración que hacemos de nosotros mismos que no siempre se ajusta a la realidad y esa valoración se forma a lo largo de toda la vida y bajo la influencia de los demás.

1) Qué área de la autoestima debo potenciar (en 5 pasos)

(qué áreas, se puede tratar de la autoestima hay varias, aunque es más sencillo ir poco a poco, centrándonos en una cosa a la vez):
– familia (diferenciar en qué ámbito familiar tengo problemas de autoestima: relaciones difíciles con los padres, hermanos, hijos, suegros, pareja…)
– amigos (si tengo pocos amigos o me cuesta conservarlos, debe ser por alguna razón que no veo en la superficie; o puede que se trate de un amigo o amiga específica con el que deseo mejorar mi relación)

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– trabajo (relaciones con compañeros difíciles, o con los jefes o ambas)
– alimentación y salud (malos hábitos, sobrepeso, algún tipo de intolerancia alimenticia o alergia, enfermedades psicosomáticas)
– estado físico (potenciar algunos deportes, apuntarse a yoga, ser constante, etc.)
¿Cómo descubro dónde está mi problema? En realidad no es sencillo y puede que necesitemos algún apoyo externo en este aspecto. Pero si somos lo suficientemente observadores y sinceros con nosotros mismos, podemos detectarlo.

ESTIMA

Ejemplo. Soy una persona que se mueve a la perfección en ámbitos seguros y cercanos: me llevo bien con mi familia y pareja, con mis amigos soy abierto, hablo de todo, les apoyo. Pero en el mundo laboral siento que no encajo: apenas tengo relación con compañeros del trabajo, mi jefe me ve como a alguien callado y tímido; nunca expreso mi opinión en público ni aporto nada nuevo a mi trabajo. En este caso salta a la vista que aquella área de mi vida con la que estoy a disgusto está fallando por alguna razón.

2) Cuestiónalo todo

Elegido el aspecto que deseo potenciar o mejorar, voy a indagar más en ello. Aquí lo importante es ser sincero con uno mismo. Y ponernos a cuestionar lo que estamos haciendo que no nos gusta.
– ¿Qué es lo que no me gusta de lo que hago? – Estado actual
– ¿Cómo me gustaría que fuera esta situación? – Estado deseado
– ¿Qué ejemplos tengo a mi alrededor de personas que hacen eso tan bien que se me da mal a mí o me cuesta? – Imitación
– ¿Qué recursos me faltarían para poder imitar a esas personas y llegar al estado deseado? – Recursos propios
– ¿Qué cambios/beneficios se producirán en mi vida si cambio mi actitud? – Recompensa
– ¿A qué estaré renunciando cuando cambie mi actitud? – Beneficio secundario

3) Beneficio secundario

Este punto es crucial, pues no conseguiremos cambiar si no aclaramos cuál es el beneficio secundario que obtenemos de una actitud poco sana (fumar puede calmar mi ansiedad, ser tímido me permite esconderme o mostrarme vulnerable). Siempre hay un problema latente: miedo al ridículo, creerme inferior a los demás, no gustarme; calmar la ansiedad fumando: un acto de reconocimiento propio, de recompensa que otros no me proporcionan, no me bastan mis recursos naturales para gestionar mi estrés o nervios, busco algo externo (tabaco, alcohol, comida… cualquier adicción) que me ayude a calmarme de forma artificial.

4) Elaboramos un plan escrito

propósitos, acciones concretas que puedo tomar para solucionarlo. Si eres tímido: saludar a un desconocido al día, ir aumentando el número poco a poco; grabar un vídeo y subirlo a tu facebook. Si eres fumador: ir reduciendo el número de cigarrillos al día, hacer días libres de humo, realizar otras actividades sanas como deporte…

5) Gestión emocional

Para afrontar el beneficio secundario, para subsanarlo, es necesario aprender a gestionar las emociones: aprender a comprender por qué actúo como actúo, de dónde parten mis inseguridades o miedos. Aprender sobre todo que es nuestro derecho equivocarnos, que necesitamos el fracaso para aprender. Puede que en este caso necesitemos la ayuda de alguien que pueda vernos desde fuera, escucharnos: un amigo en quien confiamos, un profesional de la psicología o coaching… dependiendo de la gravedad del problema en sí.

La autoestima la hemos ido forjando casi sin darnos cuenta desde el momento en que hemos nacido, no siempre ha dependido de nosotros, especialmente en los primeros años de vida, pero eso no quiere decir que no podamos ir desarrollándola poco a poco, centrándonos en problemas concretos de nuestro ser, dando esos pequeños pasos. Se trata de un tema complejo y vital, como siempre insisto. Pero es la base de nuestro ser, nuestros sueños, habilidades, éxitos y fracasos.

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Como ser mas efectivo en inteligencia emocional

Autoconocimiento

Cuanto mejor te conozcas, mejor te podrás adaptar y mejor será lo que puedas ofrecer en cualquier circunstancia y en cualquier nuevo entorno o escenario.

Dedícate tiempo, conócete y descubre cuáles son todos tus recursos; es importante que sepas cuáles son tus fortalezas; y también tus debilidades, para que puedas mejorarlas.

Autorregulación.

El autoconocimiento te permitirá detectar e identificar tus emociones en cada momento, sentirlas, y decidir cómo usarlas a favor y sin compararte con nadie.

Automotivación

Es fundamental que te apoyes en ti mismo/a, esto es lo que te permitirá avanzar hacia delante y en positivo, lo que te permitirá ir en dirección a tus metas y sueños. Confianza y constancia son parte de la clave. Confía en ti y sé constante.

Empatía

La empatía es la capacidad cognitiva de percibir, en un contexto común, lo que otro ser puede sentir, sin dejarte llevar por su emoción, experimentando otro punto de vista, otra perspectiva.

Y es, sin ninguna duda, una habilidad que facilita la comunicación, la escucha activa, la percepción de los demás. Por todo ello: escucha. Escucha más que habla.

Habilidades sociales

La asertividad es un modelo de relación interpersonal que consiste en conocer los propios derechos y defenderlos, respetando a los demás. Y es, sin duda, la habilidad social que facilita tener relaciones y comunicarnos de manera efectiva.

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